Tras llegar a las puertas de Arco del León, la duquesa y su asistente obtuvieron al fin permiso para entrar en la ciudad. La Guardia del León las escoltó hasta el palacio; era "un atardecer húmedo, a pesar de la brisa costera". El rey Jadon estaba aún a esa hora debatiendo con sus consejeros mientras fuerzas charr se acumulaban en la frontera oriental de Kryta. La duquesa Adelaide entregó al rey el paquete diplomático mientras realizaba las presentaciones. Cuando el rey Jadon se dirigió al emisario del Manto Blanco, la duquesa se fijó en tres imponentes figuras ataviadas con armaduras y túnicas doradas y varios conjuntos de oscuras alas etéreas saliéndoles de la espalda. Levitaban en silencio, flanqueando al "hombre corpulento pero de gesto severo con un atuendo inusualmente vibrante" que se encontraba en un rincón de la cámara interior.