Con el eco de Scarlet de nuevo bajo control, capturamos a Mai Trin y le confiscamos las armas. Seguía abrumada por las voces de la Niebla y tenía problemas para acallarlas, así que Kasmeer sugirió atenuarle el sentido de la vista para ayudarla a concentrarse... más o menos como hacía Rytlock. Tras prepararle una venda improvisada, le exigimos a Mai Trin que nos revelase las órdenes que les había dado a los Filoetéreos. Y no solo confesó que planeaban atacar una instalación de procesamiento de jade, sino también que ella ya no estaba al mando: al parecer, Ankka había incitado a un motín y se había llevado todas sus naves y tripulantes.
Volvimos atrás y desatamos a Iván, y a Trin le sorprendió de verdad que no la hubiese abandonado. Iván sugirió que localizásemos a Ankka empleando los transpondedores de las naves; y era buena idea pero, por desgracia, Renyak había dañado los transpondedores, por lo que los datos de rastreo eran imprecisos y tan solo pudimos sacar en claro que teníamos que dirigirnos a Nueva Kaineng. No era mucho con lo que trabajar, pero era algo. Mai Trin se ofreció a ayudarnos en la persecución (quizá porque se sentía culpable) y aceptamos a regañadientes, aunque a Joon no parecía hacerle demasiada gracia la idea. Antes de partir hacia Nueva Kaineng, decidimos que primero debería sacarme un permiso en el Ministerio de Tránsito... para que no me arrestasen por contravenir la legislación relativa a viajes.