Los forasteros estos —Filoetéreos, se hacen llamar— son tan arrogantes y estúpidos como le parecía a Tetra. El sujeto aseguraba que buscaba "tecnología" usada pero, a juzgar por los dispositivos a vapor que llevaba encima, andan muy a la zaga de los tecnócratas de Cantha. Bajo mi supervisión, el ladrón confesó numerosos delitos, desde hurtos menores al asesinato sistemático de muchos inocentes durante un ataque a una de las grandes ciudades del norte de Tyria. Huelga decir que después de esto dormiré a pierna suelta.
Entre grito y grito, el sujeto insistía en que quería regresar a su tierra natal, si bien hizo la ridícula afirmación de que podía atravesar la Niebla con la misma facilidad con la que un esquife hiende las aguas del Lago Lutgardis. El sujeto decía buscar una pieza concreta que lo ayudaría en esa misión.
Antes de que pudiéramos obtener más detalles, Tetra me ordenó parar. Me dijo que la líder de la banda pirata, una tal Ankka, se había dirigido a ella con una propuesta. Supusimos que quería recuperar a su lacayo, pero no: solo le interesaba la tecnología que el sujeto llevaba encima. Mientras Tetra meditaba sobre las condiciones del trato, los piratas... se retiraron de las negociaciones sin más.
A Tetra no le hizo gracia este repentino cambio de opinión, aunque tengo mis dudas de que esos bribones hubieran cumplido con su parte en cualquier trato al que hubiéramos llegado. A mí, por mi parte, ya me va bien con cómo han ido las cosas, ya que así tengo más tiempo con mi sujeto. Me da que voy a sacarle muchas más joyas.