No llegamos a tiempo.
Y, aunque lo hubiésemos hecho, no teníamos forma de prever lo que ocurriría.
Llegamos a la cima de la fortaleza de Jormag, eliminamos a los soldados del Dominio y mantuvimos el control de la zona hasta que Malice y Efram se nos unieron. Nos lanzamos a la cámara de Jormag sin saber qué esperar.
El eximperator de Sangre había utilizado a los svanir para que le ayudasen a capturar los tótems del Lobo, la Osa, la Pantera de las Nieves y el Cuervo, y los había colocado ante Jormag en una especie de abyecto ritual. Bangar planeaba corromper a los espíritus de la naturaleza y usarlos para controlar a Jormag, igual que este había empleado los poderes del Buey, el Águila y el Glotón para controlar a Drakkar en la Marca de Bjora.
Conseguimos detener a Bangar, pero solo durante un momento. Ryland no tardó en hacer acto de presencia y amonestó a su imperator por intentar manipular al dragón anciano por medio de los espíritus norn. Ryland rodeó los cuatro tótems con una poderosa magia, atrapándolos para Jormag y condenándolos a una corrupción cierta a menos que interviniésemos.
Con la ayuda de Braham, Rytlock y Crecia, pudimos salvar a los cuatro grandes espíritus, pero no antes de que Jormag despertase.
Lo que ocurrió a continuación no se lo esperaba nadie: Jormag no eligió a Bangar como su campeón. De hecho, Jormag convirtió a Bangar en su Voz y nos lo entregó. Vaya un regalo envenenado.
Ryland se percató de que era su oportunidad y la aprovechó. Era evidente que Jormag veía algo en el joven charr, algo que apreciaba, y transformó a Ryland en una monstruosa criatura de hielo y escarcha. Ahora Ryland era el campeón de Jormag.
Y se marcharon de inmediato, dejándonos con Bangar y con mil preguntas sin respuesta.