Guild Wars 2 Base de datos

Luka Tomasdottir Silencio. Por favor. Pon fin a esto. Ya no me prestas atención. Es como hablarle a la pared. Las palabras no sirven. Te he gritado tanto que me he quedado sin voz. Ya no tengo palabras. Jamás volveré a hablar. Así que escribo con la esperanza de que leas estas líneas y me dejes en paz. Me hablas día tras día. Al principio creía que eras Trueno Que Ayuda, incluso aunque los kodan de fuera decían que lo habíamos perdido. De hecho, no: lo que decían era que su voz no era la suya. Creía que seguiría por alguna parte. Creía que los guerreros de Aguas Tranquilas Que Hablan habían exiliado sumariamente a uno de los suyos por culpa de un delirio paranoico. Era evidente que el kodan al que conocí en el Estrecho de Gorjaescarcha, el kodan con el que compartí historias junto al fuego en el Valle Vigilasegura, no se habría rendido a la locura con tanta facilidad. Así que seguí la voz. Su voz. La seguí al oeste, al otro lado del lago donde Svanir se transformó. La voz me preguntó si quería volver a ver a Trueno Que Ayuda. Me preguntó si quería conocer los secretos de los kodan. Y le dije que sí. Por los ojos del Cuervo, le dije que sí. Ni siquiera me paré a pensar por qué la voz de Trueno Que Ayuda me hacía semejantes preguntas. No me paré a pensar. Trueno Que Ayuda surgió del pasadizo que llevaba al fondo del lago helado. Me dijo que lo siguiese, y atravesamos el valle sin impedimento alguno. Las criaturas que unas pocas horas antes me atacaban sin descanso ahora me otorgaban paso franco. Me pareció extraño, claro está, pero no le di mayor importancia. Tal vez temiesen al poderoso kodan que me guiaba. Tal vez acabasen de devorar a otra criatura desafortunada y me dejasen pasar por pura falta de apetito. El kodan me llevó a las ruinas y me contó todo lo que siempre quise saber; y no solo sobre los kodan, sino sobre todas las razas de Tyria, sobre la Niebla, sobre el pasado y el presente. Le pedí saber y me lo otorgó. Me otorgó tanto que me vi obligada a dejar de escribir porque me sangraban las manos. Pero la voz seguía hablándome. Alcé la vista y Trueno Que Ayuda ya no estaba. Pero la voz permanecía. La voz empezó a cambiar. Ya no era la de Trueno Que Ayuda. Era la tuya. Jormag, te lo suplico: deja de susurrarme. Ya no puedo seguir escuchando.