Atizarrunas apenas podía entender lo que acababa de presenciar. De pronto todo cobró sentido. El porqué de que Llamalenta y la emperatriz Jenny estuvieran dispuestos a olvidar años de hostilidades. El porqué de que de pronto hablaran con tanto entusiasmo del "potencial" de una alianza entre charr y humanos.
Se agarró la melena mientras lágrimas de ira le cubrían las mejillas. ¿Cómo podía Llamalenta MIRAR siquiera a Jenny así? ¿Qué había en la figura sin pelo de esta que pudiera atraer a unos charr rudos, fuertes y pulcros como ellos?
¡Maldita sea, si esa mosquita muerta no tenía ni cuernos! ¿Es que ya nadie apreciaba la suave curvatura de unos cuernos?
"A Llamalenta le corresponde estar a MI lado, como MI aliado, MI confidente, MI amigo íntimo... Mi...".
No. La Legión de la Prole no lo toleraría. No si de Atizarrunas dependía.