Crucé unas palabras en la taberna con un matón llamado Ted el Narigudo. Lo tenía controlado hasta que apareció la Guardia del Ministerio y la comandante Serentine intentó arrestarme junto a los alborotadores. Por suerte, el capitán Thackeray habló en mi defensa. Mi amigo Andrew, el tabernero, resultó herido en la pelea. Thackeray me envió al teniente Francis para obtener medicinas de los suministros de los Serafines.