Kuda había bloqueado los controles del teletransportador tras usarlo, pero Canach vio que se había teletransportado a una forja cercana. Dentro, la Inquisa se había hecho con el control de las defensas de los videntes, que amenazaban con abrumarnos. Canach recordaba ver consolas de control durante el proceso de preparación de la bomba, así que nos dirigimos a la cámara central.
Cuando hicimos retroceder a la Inquisa, Canach desplegó su magia, volviendo las defensas de los videntes contra ellos. La forja se despejó de fuerzas hostiles, pero nos topamos con una barrera más que nos impedía llegar hasta Kuda en el interior de su instalación de investigación.
Una vez hallado el modo de desmantelar la barrera, accedimos a la instalación, donde encontramos aguardándonos a Kuda junto con sus tres soldados mejorados por la forja; de hecho, ya esperaba que la siguiéramos dejando atrás en la persecución al contingente de apoyo de la Alianza Tyriana, así que nos tenía justo donde quería.
El "Equipo Omega" de Kuda —Zipp, Plokk y Naati— dominaban mejor sus poderes que en nuestro primer encuentro. Les ordenó atacar y se dispuso a largarse, desapareciendo por las escaleras.
La desconcertante velocidad de Zipp, la fuerza sobrenatural de Plokk y las increíbles ilusiones de Naati nos pusieron al límite de nuestras posibilidades, pero, con la ayuda de Rytlock, Canach y Sayida, fui capaz de derrotar al Equipo Omega. Sin embargo, para entonces, Kuda hacía tiempo que se había esfumado, dejando un ejército de la Inquisa entre ella y nosotros. Con más efectivos de la Inquisa entorpeciéndonos y nuestros refuerzos absolutamente rezagados, no tuvimos más opción que cancelar la persecución.
La nueva directora de la Inquisa nos la había jugado.
Frustrado, Rytlock nos decía que siguiéramos adelante, pero era absurdo. Como la propia Kuda había señalado, habíamos estado pisándole los talones a Vloxx desde nuestra llegada al Jardín de la Eternidad y no había servido de nada. Luego habíamos ido tras Kuda con el mismo resultado: nada.
O casi nada; Isgarren me contactó y tanto él como la historiadora Minna tenían un avance positivo que compartir: habían logrado traducir e invertir el pergamino de Sidony que yo había descubierto cuando recopilada los componentes necesarios para la bomba de Canach.
Si el conjuro rompemaldiciones de Minna era capaz de anular esa especie de condena de Sidony que pesaba sobre Isgarren y Castora, es posible que asomara un rayo de esperanza tras la borrasca de contratiempos...