El tribuno Brimstone pasó una tarde hace unos cuantos días para utilizar nuestros dispositivos de comunicaciones de largo alcance. Lo intentó un par de veces, pero enseguida prorrumpió en gruñidos de frustración; ese charr no tiene paciencia alguna con la tecnología. Se quedó refunfuñando hasta que abandoné mi puesto para prestarle ayuda —o más bien simplemente con la intención de que no rompiese nada—, pero eso solo pareció enfurecerlo más. Le ofrecí ocuparme yo de todo por el bien de nuestro equipamiento y mi creciente presión sanguínea y me dio carta blanca al instante.
Estaba tratando de comunicarse con Rata Sum y la Ciudadela Negra. Yo albergaba ciertas esperanzas con esta última, pero, tras unas cuantas señales prometedoras, nada. E intentar conectar con los primeros era demasiado optimista, como poco.
Rytlock murmuró algo sobre la "maldición" que pesaba sobre Isgarren antes de salir escopetado a ocuparse de asuntos más "importantes". Podría ser eso que dice, aunque tampoco me sorprendería que la Inquisa hubiera conseguido anular cualquier intento de transmitir señales. En estas circunstancias, solo puedo hacer conjeturas.
Por ahora, seguimos incomunicados.