Que el peso de la amargura
y la maldición de Sidony se impongan.
Isgarren, en dolorosa soledad;
aislado en su torre.
Esclavizado por Tyria, reclama la perfección;
ojalá vea su reputación mancillada.
Le han robado su cargo y privado de su percepción,
y ahora queda atrapado en este eterno rencor.
Se alza ante la puerta,
condenado a contemplarlo todo.
En pie sobre el terreno,
vigilando, esperando siempre.
Isgarren, el padre, grita en vano,
encorvado en pasiva súplica.
Cargará con el peso del cielo;
la soledad perdura, infinita.
A menos que el Vidente de Todo se extinga;
el pesado cielo le oprimirá mientras siga vivo.
Así lo dice Sidony,
así está escrito y así se cumplirá.