Guild Wars 2 Base de datos

Regresé a la taberna Canach, donde encontré a Sayida, y la informé debidamente sobre la instalación de la Inquisa y la presencia de la dirigente Kuda y un prominente biomante, Sebb. Aún no tenía muy claro quién estaba a cargo de la Inquisa, pero acordamos que la única forma de conseguir información era intentar seguir su rastro a través de las cavernas. Una vez calmada la actividad en la instalación, regresé y seguí la enrevesada senda del equipo de obtención a través del sistema de cavernas, que acabó conduciéndome rumbo norte al corazón de las Hondonadas Retorcidas. Territorio de desvalijadores, en definitiva. En el exterior de un bar privado llamado la Sala Custodia, escuché furtivamente un fragmento de conversación: la agente Thessa hablando con un desvalijador. Quien vigilaba en la puerta no iba a dejarme pasar a la Sala Custodia sin una contraseña y un buen disfraz. Por fortuna, pude conseguir ambas cosas de unos desvalijadores cercanos y finalmente logré entrar. Dentro de la Sala Custodia, la agente Thessa andaba sumida en negociaciones con un representante de los desvalijadores llamado Seamus el Hábil (un apodo que sin duda se había otorgado él mismo, pues sus dotes de negociación no parecían a la altura; lo que más parecía interesarle era conseguir barriles de "potingue"). La Inquisa aceptaba facilitar a los desvalijadores armas y gólems siempre que se comprometiesen a utilizarnos contra los vainajardinenses, para mantener así ocupada a la Alianza Tyriana en el proceso. La Inquisa también se ofrecía a proporcionar suministros a cambio de información y mano de obra de los desvalijadores en algún lugar más hacia el corazón de la isla. No podía permitir que los desvalijadores usaran esas armas y gólems —eran demasiado peligrosos y comprometerían más aún a nuestras fuerzas a proteger Vainajardín. Antes de seguir el rastro de la Inquisa rumbo al norte, regresé al territorio de la Inquisa y localicé un par de códigos que me permitieron desactivar los sistemas de combate de los gólems recién adquiridos de los desvalijadores. Tras sabotear todos los suministros, armas y gólems que pude, Sayida se puso en contacto conmigo por el comunicador. Una vez solucionada la inminente amenaza a Vainajardín, le dije que ya podía retomar mi camino al norte para localizar a la Inquisa.