Me presenté al alcalde Osborne en la aldea de restos de naufragios de Vainajardín. Pese a contar con vigilancia personal, se mostró dispuesto a intercambiar información a cambio de ayuda, tan necesaria en la zona. Dijo que, para ser realmente útil, necesitaría una mantarraya debidamente entrenada y un mayor conocimiento del lugar. Total, que me mandó a ver a un tipo llamado Pete el Surcaolas para instruirme sobre la población local de mantarrayas y su adaptación al entorno castorense.
Pete resultó ser una persona extremadamente entusiasta respecto a todo lo referente a la población local de mantarrayas, una subespecie que ellos llaman halcones surcaolas (de ahí su apodo). Ayudé a Pete a cuidar de los halcones surcaolas adolescentes de toda Vainajardín, aprendiendo de paso sobre sus depredadores, su naturaleza devota y protectora, su dieta, su espíritu juguetón... Para cuando acabé, me había ganado la lealtad de un halcón surcaolas y, por si fuera poco, del propio Pete el Surcaolas, que no dudó en hablarle bien de mí al alcalde.
A pesar del hecho de que Pete siguiera con vida (una broma del alcalde, como he entendido luego), parece que su palabra no bastaba. El alcalde Osborne insistió en que "hiciese felices a unos cuantos vainajardinenses más" antes de proporcionarme información alguna sobre el paradero de la Inquisa. Eché una mano por la ciudad, ayudando a los náufragos supervivientes con todo tipo de quehaceres; por bonito que sea este paraje, sobrevivir aquí no es fácil. La gente local me ha parecido cordial y resiliente, aunque no especialmente confiada.
Cuando el alcalde al fin se mostró satisfecho con mi labor, me puso en la senda de un coleccionista de chatarra local que podría haber encontrado algún material de la Inquisa. El coleccionista en cuestión, Colachispa, insistió en que le recogiera restos de navíos naufragados a cambio de información. En el proceso, además, di con vestigios de la Inquisa, lo que confirma que ni siquiera ellos fueron capaces de llegar a Castora sin sufrir bajas.
Una vez de vuelta con Colachispa, me contó que la Inquisa había estado en tratos con unos mercenarios locales tipo piratas que se hacen llamar "desvalijadores". Me aseguró que si daba con alguno de ellos en la taberna, era más que probable que pudieran desvelarme algo sobre el paradero de la Inquisa.
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