Mientras aguardo en estas costas, me pregunto... ¿cuántos de los míos verán cumplidos sus sueños? ¿Cuántos principiantes están condenados a marchitarse antes de hacer realidad sus anhelos? Aquí, en pie, compadezco a quienes nunca vayan a poder sentirse realizados. En su día llegué a pensar que yo tampoco cumpliría lo que deseaba, ni siquiera entendía lo que significaba...
En mi sueño, estaba andando, con los pies descalzos, por una playa vacía y etérea. El aire me hacía sentir una vitalidad que añoraría una vez despertase. Al tocar la espesura y la arena, sentía una poderosa energía cosquilleándome en los dedos... Me cuesta explicar la sensación sin parecer fuera de mis cabales. Sentí que una fuerza desconocida me daba la bienvenida. En un determinado momento, unos extraños murmullos me alentaron a adentrarme en el territorio y caminé hasta encontrarme ante una espesa bóveda arbolada. En aquel bosque, el aire estaba impregnado de magia. ¡Era omnipresente! Y, de algún modo, era más primigenia que todo lo que he conocido en la Arboleda o Caledon.
Aunque mi propia existencia apenas acababa de comenzar o estaba comenzando, de algún modo sabía que yo era joven y que aquel lugar era muy antiguo. Seguí la pista de esa magia vetusta y de los susurros, y caminé, caminé, caminé durante lo que se antojaron como días, hasta llegar finalmente a aquel lugar. Un terreno sagrado, donde culminaba toda la magia de la extraña isla. Y entonces abrí los ojos por primera vez y todo a mi alrededor era mucho más apagado en comparación. Nací con hambre, pero también con desilusión.
Contemplé el océano y supe que la tierra en la que estaba no era la que había contemplado en mi sueño. Era como si hubiese un cordel atado a esa playa, extendido a lo largo de todo el océano y conectado a mi pecho. Lo sentía constantemente, aunque de manera muy leve. Sabía que aquello era real y que tenía vida, pero también que estaba muy lejos. Cada vez que tiraba de mí, el anhelo prendía con más intensidad en lo más profundo de mi ser.
Hasta mucho tiempo después no supe que había más que habían experimentado aquel sueño de sueños. Todos sentíamos que aquel dolor nos arrastraba al océano, bajo aquella bóveda arbolada y a ese lugar. Insatisfechos con nuestro "hogar" en la Arboleda y con la bendición de madre, decidimos aventurarnos a Arco del León, a ver si dábamos con una embarcación. Por desgracia, éramos criaturas con tan poca experiencia del mundo que la mayor parte temíamos siquiera que nos dejasen subir a bordo. El capitán de un barco mencionó la mala suerte o su preocupación por la corrupción corrosiva de Zhaitan. Por eso... decidí hacerme capitana. Capitana Bidelia.
Años tratando de hacerme con un navío, aprendiendo a navegar y reuniendo una tripulación... Dimos con unas cuantas almas valientes más que no temían el control de los dragones ancianos sobre los mares y, al fin, pudimos zarpar. Esa conexión que sentía junto a mis hermanos y hermanas se iba acrecentando a medida que avanzábamos lidiando contra las mareas. Y nuestra emoción floreció. Lo imposible, al fin, parecía posible... Hasta que llegaron las tormentas. Y entonces nos adentramos en la bruma. Y colisionamos con aquella maldita roca. Y tantísimos sueños se vieron de golpe incumplidos...
Los pocos que sobrevivimos nos aferramos a los restos de nuestro barco sin saber si saldríamos con vida de aquello. No nos soltamos ni un instante mientas el sol se ponía y un aire espeso y frío rizaba la superficie del agua. Pero, cuando desperté, lo que sentí... Lo habíamos logrado.
Estamos aquí. Varados, pero aquí, en todo caso.