Ya es la última noche. Para cuando el sol salga mañana, nos habremos ido de aquí, dejando atrás nuestro legado. Debería dolerme más abandonar nuestros templos, ver el resultado nulo de los sacrificios que hemos hecho, pero ya me he lamentado lo suficiente. He gastado mis lágrimas en Endiro; no me quedan más que derramar por Castora.
Sidony dice que las bestias protegerán Castora y guardarán nuestros secretos para nuestro inevitable regreso, pero los pálidos rostros de mis camaradas me dicen que ya sabemos la cruda realidad: nunca regresaremos a este lugar. No marchamos hacia la victoria, sino hacia la extinción. Nuestro vínculo con las bestias es muy fuerte, tan fuerte como hemos podido forjarlo, y no se disipará con el tiempo. En vez de eso, protegerán este lugar, aguardando un regreso que nunca llegará, hasta ese día lejano en que la última luz de Tyria se extinga finalmente.