Guild Wars 2 Base de datos

Los últimos años han sido un torbellino. El mundo casi se acaba, Cantha reabrió sus fronteras, los demonios nos invadieron y ahora estoy a bordo de un barco rumbo a una tierra mítica. Ayumi se mostró impresionada con cómo acudí en ayuda de Qinkai y largué a esos "kryptis" con media docena de arqueros. Nos hizo ganarnos el aprecio del imperio, aunque tampoco es que lo buscáramos. Cuando la Alianza Tyriana llamó y la emperatriz solicitó un emisario de la aldea de Mori, los ancianos me nombraron a mí como reemplazo de Ayumi en caso de necesidad. Hace unos años no me habría planteado la posibilidad de conocer a la emperatriz Ihn y ahora se sabe mi nombre, mis aficiones y hasta las medidas de mi túnica. Estoy tratando de lidiar con ello con elegancia, pero todo esto me inquieta. Es difícil discernir si se limita a ser amable o está tratando de comprar mi lealtad. A lo mejor un poco de ambas cosas, aunque ya dilucidaré la verdad más adelante. Por ahora, debería centrarme en sobrevivir a esta expedición. Tengo pensado no prestar mucha atención a los otros delegados canthianos mientras esté en Castora; algunos de ellos ya estarán haciendo inventario de todos los bienes y las tierras que piensan apropiarse mientras yo escribo esto. Personalmente, no me dejo embaucar tan ciegamente por la promesa del futuro de Cantha como para olvidar que el propio Ministerio de Seguridad del imperio sufrió expulsiones por purismo en tiempos recientes. Por eso, prefiero seguirlos y escuchar sus conversaciones. Sería una pena que alguno tratara de debilitar el delicado equilibrio de la Alianza tan lejos de las imponentes murallas de Nueva Kaineng, donde cualquier cosa podría ocurrir.