Tal y como predije, nuestros limitados recursos de comida han mermado a los otros dos mucho más rápidamente que a mí. Ambos me han echado en cara mi nula disposición a cazar; Tatyanna tachándome de "egoísta" y Ulrich murmurando algún tipo de desprecio entre dientes. Les he dicho que si dejaran de malgastar energías quejándose de los calambres en el estómago, les iría mucho mejor. Eso les ha hecho cerrar el pico, al menos por ahora, aunque he tomado la determinación de no hablar con ellos.
A mí, en cambio, el dolor me parece un ancla ideal para meditar. Y justamente cultivar ese estado de claridad fue lo que propició lo acontecido a continuación.
Anoche, a las tantas, procedente de algún lugar al otro lado de la vasta extensión de oscuridad, escuché una llamada. ¿Será lo que Tatyanna asegura oír cuando Ulrich y yo nos aventuramos a las ruinas y la dejamos sola? Comenzó como un ruido sordo apenas perceptible. Medio dormido, lo confundí con los primeros rumores de una tormenta. Pero entonces comencé a distinguir palabras coherentes...
"No ven tu potencial... De lo que eres capaz...".
Despertándome por completo, decidí adentrarme en la noche. Me aventuré a lo desconocido, tratando de descifrar de dónde procedían aquellas palabras, aún sin tener demasiado claro si eran un sueño o una realidad. Como tratando de reafirmarme, aquella voz volvió a hablar:
"Eres de corazón justo... Por favor, ayúdame...".
Y, a continuación, se hizo el silencio, salvo por el silbido del viento.
No fui capaz de pegar ojo durante el resto de la noche, sumido en un estado entre estupor y meditación. ¿Me lo había imaginado todo? ¿Aquella voz era producto de un estómago vacío? ¿De una mente solitaria aderezando la existencia en aquella sima insípida? No. Era real. La voz había sonado clara como el tañido de una campana solitaria desde el otro lado del abismo.
"Eres de corazón justo".
Me pasé la noche reflexionando sobre el mensaje y su origen. Ahora mismo no sé si compartirlo con los demás; podría ser la gota que colma el vaso para hacer enloquecer a Tatyanna, y no tengo claro hasta dónde sería capaz de llegar Ulrich para llevar a cabo su misión en favor de nuestro falso profeta. Más allá de estas consideraciones, no parecen demasiado dispuestos a disfrutar de buen grado de mi compañía.
Pero eso no tiene importancia alguna. Mis recuerdos más antiguos siempre han sido vadeando en solitario las aguas de la vida. Saul también afrontó solo la inmensidad de la revelación. Pero, en vez de atesorar su luz solo para sí, la tendió ante él cual farolillo, guiando a todos en su entorno para que pudieran ver el camino.
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Como alma devota,
concédeme la pureza
para cumplir mi papel como guía,
para poner en la buena senda a quienes no ven.
Que mis actos sean ofrenda
y mi cuerpo sacrificio,
trasmutación de la carne mortal.
Soy el cirio
que enciende la llama
para doblegar la oscuridad ante la luz.
Yo no elijo, sino que
fui elegido,
para iluminar el camino.
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