*Este diario, en su día mimado, está ahora hecho jirones. Faltan varias páginas.*
Esperamos un par de días para asegurarnos de que los kodan se hubiesen marchado y, en cuanto el panorama estuvo despejado, regresamos a la costa norte con sacos de alimento y suministros. Teníamos que probar la teoría de Tatyanna.
Remé directamente hacia el interior de la bahía. Ni dolores de cabeza ni hemorragias nasales. Incluso se abrió un poco el cielo, revelando el sol suficiente para iluminar mi senda. Fue como si el propio Saul estuviera velando por nosotros. Me uní a los demás y partimos.
---
La hemos hallado. Bava Nisos. Esta renovada sensación de que debo cumplir mi objetivo puede llegar a resultar enfermiza por lo mucho que me abruma, pero también resulta emocionante lo rápido que lo acontecido ha vuelto a darnos alas en pos de nuestra meta.
Tatyanna necesita tiempo para recuperarse del viaje. El mar no es precisamente su aliado, así que nos hemos asentado en una de las ruinas más seguras. Ya llevamos aquí unos cuantos días y ni Judge ni ella se han alejado aún de nuestro nuevo refugio; Bava Nisos es más peligrosa de lo que estamos acostumbrados a afrontar. Y las cosas comestibles escasean mucho más. Creo que echan de menos nuestro improvisado hogar al otro lado de la bahía. Yo también, pero nuestra misión es más importante ahora.
---
Cada vez me encuentro más a gusto aventurándome a las ruinas en solitario, pero Bava Nisos está plagada de extrañas bestias insólitas para mí. Resultan intimidantes, con una apariencia distorsionada que me es difícil de describir. Nunca había visto cosa igual. Parecen proceder de algún lugar del este y, cada día que pasa, avanzan más hacia el oeste. Judge pudo aniquilar a uno de menor tamaño y trincharlo para aprovechar la chicha, pero ninguno de nosotros es capaz de soportar el olor. Sus cuerpos se pudren rápidamente una vez muertos, como si la propia carne fuera de pronto incompatible con el aire que respiramos. Sean lo que sean esas criaturas, no son naturales.
---
Tatyanna asegura que nos están observando y se niega a montar guardia ella sola, sobre todo una vez cae la noche. Dice que son los Ocultos, que han venido a darnos un mensaje, pero ni Judge ni yo oímos lo que ella. Tiene mucha fe, así que no dudo de su sinceridad, pero me preocupa que este entorno mohoso y la falta de proteína la hayan hecho enfermar.
Deambula de un lado a otro, murmurando. Antes disfrutábamos del tiempo que compartíamos, pero ahora no es capaz ni de sostenerme la mirada.