S:
Esta es la última carta que quería escribir, y tengo claro que acabará llegándote... Quería darte una sorpresa, S. Me hubiera gustado vivir y envejecer contigo, pero no creo que vaya a poder salir de esta cámara. Mi tumba. Los Ocultos —ese hatajo de sabandijas inmundas a los que veneramos— me han elegido como la próxima víctima de sacrificio, después de todo lo que hemos hecho por ellos.
Justo antes de que nos trajeran aquí, encontré un anillo y me lo escondí en el bolsillo. No me lo quitaron al llegar, lo cual me sorprendió. Pertenecía a uno de los aldeanos, antes de los gemelos... Antes de que los mataran a todos. Lo descubrí entre un montón de objetos diversos que habían guardado. ¿Es una monstruosidad por mi parte, con lo que le hicimos a esa gente? ¿Tan cruel es mi desesperación? Tampoco es que importe demasiado. Los Ocultos me han traído a esta cámara y me han encerrado. Estoy aquí sin nadie y... no hay escapatoria. Siempre que duermo, oigo susurros. Cuando me despierto, me siento más débil. No sé qué clase de tortura es esta, pero el nivel de sutileza es desquiciante. Me han dejado papel para escribir y un poco de comida para llenar el buche... Como si no quisieran que me muriese, aún no, pero sí que sufra.
Justo antes de que me metieran aquí, conseguí ocultar tu anillo bajo un arbusto mientras miraban para otro lado. Está nada más salir por la puerta de la instalación de retención que hay en la ribera del río. ¿Era al oeste de aquí? La memoria me falla más cada hora que pasa. La estancia se antoja más angosta... y mientras escribo esta carta... No va a haber forma de que te llegue. De hecho, espero que así sea. Mi única esperanza ahora es que tu muerte sea más dulce que la mía. Que nunca conozcas este lugar.
Sabiendo lo que sé ahora..., en vez de enterrar el anillo, debería haberlo dejado cerca del muro donde nos besamos por última vez. Cruzamos precisamente aquel paraje cuando me escoltaban rumbo a mi destino. ¿Te acuerdas de ese día, S? ¿Cuando nos llevaron a todos al lago y nos dejaron nadar y bañarnos? Es como si hubieran querido que sintiésemos alegría, aunque fuese brevemente, para que nuestro sufrimiento fuera aún más agónico... Dioses, tened piedad. Perdonadnos.
Aunque muera aquí..., siempre te esperaré. Ojalá hubiésemos tenido más tiempo. Espero que tu muerte... No quiero que experimentes ningún tipo de dolor.
—V