Hace más calor en Arco del León de lo que hacía en Gavril. Aquí he estado pasando mucho más tiempo al aire libre, y eso me hace feliz.
Siempre que noto que se me acelera el corazón y que no puedo calmarme, voy al faro y me siento un rato. En noches malas, lo único que impide que me estalle la cabeza es contemplar el agua y contar los barcos de la bahía... Ayuda un poco. Ahora mismo, hay uno solitario. Volverá a poblarse más por la mañana. Día de mercado. Me gusta cuando la ciudad es un hervidero de actividad.
La posadera es amable. Me deja quedarme en una pequeña habitación de invitados de la parte de atrás. No tiene más que una cama y un baúl, pero es cuanto necesito, realmente. Como tuve que escapar repentinamente, me fui con el vestido, el abrigo y un poco de queso en los bolsillos. Le he devuelto el favor horneando pan para la taberna, igual que hacía en casa. Me recuerda a mi madre... Un pensamiento agridulce.
Es amable, la posadera. Se nota que sabe que lo he pasado mal. Es curiosa, pero no cotillea... No sé si seré capaz alguna vez de hablar de ello. Lo único que sé es que cada vez que asoma uno de esos terrores del Manto Blanco, se me corta la respiración. Pero ¿qué puedo decir? ¿Quién me iba a creer?
Al menos logré escapar. Puede que yo haya sido la única.
Dorothy