Guild Wars 2 Base de datos

En el campamento de investigación del Resguardo Astral, me encontré con Malice, Caithe y una invitada inesperada: Tristeza Latente. Probablemente nos oyera hablar de nuestro plan de ir a echarle una ojeada a la hematites. Dejando a Pincho al cuidado de Lahar Hábil y Sauce Paciente, vino armada con una idea interesante. Como los titanes habían estado usando la hematites local para abastecerse de energía, Tristeza Latente proponía neutralizarla con el Corazón de lo Oscuro. Muy ocurrente. Pero, como cualquier hipótesis, había que ponerla a prueba. Nuestro intento de neutralizar la hematites tuvo éxito, pero no sin consecuencias. Las repercusiones mágicas de la explosión de este mineral son muy potentes y hay que lidiar con ellas con cuidado. Tristeza Latente consiguió protegernos de la explosión, pero, si queremos usar esta estrategia en combate, tendremos que combinar nuestros ataques con su defensa. Resultó que Tristeza Latente no acabaría siendo la única visita inesperada que íbamos a encontrarnos. La explosión de la hematites liberó los fantasmas de varios individuos sacrificados durante la ocupación del Manto Blanco. Hablando con ellos, sacamos en claro una inquietante imagen de Gavril, la aldea que hubo aquí hace tiempo, y la oscura historia que se cebó con ella. En términos generales, nuestra labor resultó agridulce. Nos vamos con la estrategia más sólida hasta la fecha para derrotar a los titanes, pero con un duro recordatorio de la sangre con la que se escriben las páginas de la historia. Con todo lo ocurrido, había llegado el momento de plantar cara a Tristeza Latente sobre su verdadera identidad, no solo como bruja, sino como bruja legendaria. Como era de esperar, reiteró su petición de que no le dijera nada a Aliso Estoico y de que no le desvelara a Pincho los nuevos detalles de su identidad, asegurándome que ella asumiría los efectos colaterales. Aunque mi paciencia ya pende de un hilo tan fino como con los que teje Sauce, el auténtico dolor que se vislumbraba en la voz de Tristeza es un vivo recordatorio de que, aunque a mí me esté desgastando la situación, la presión a la que ella está sometida es inmensa. En algún momento va a tener que dar un paso al frente, y más pronto que tarde. Supongo que es más fácil decirlo que hacerlo, pero es que no hay alternativa. Lo cierto es que no envidio su posición. Aunque recele de la situación, debo reconocerlo.