Guild Wars 2 Base de datos

Con Flecha Serena recuperándose, aproveché la ocasión para ir a hablar de nuevo con Frode. Le puse al día de nuestro último cara a cara con Decima, con cuidado de no levantar sospechas respecto a Tristeza Latente. Creo que me desenvolví con suficiente soltura como para guardarme en la manga el as de la verdadera identidad de la bruja. Por ahora, al menos. Sin embargo, antes de volver sobre el terreno, Frode bajó la voz y me sugirió que echase un ojo a un libro que me había dejado en el piso de arriba. Su comportamiento me pareció... curioso. ¿Estará intentando guiarme en la buena dirección? Para mi sorpresa, el diario revelaba que Isgarren había incumplido las reglas de los videntes para ascender a Tristeza Latente al Tribunal de los Brujos. Pero la mayor sorpresa vino en forma de otra confesión: la legendaria Voz desaparecida, la misma de cuya tribu descienden los habitantes de las tierras bajas de hoy en día, es precisamente... Tristeza Latente. Infinitas preguntas se agolpan en mi mente: ¿por qué volver con los habitantes de las tierras bajas ahora, después de todo este tiempo? ¿Cómo reaccionarán Aliso Estoico y Flecha Serena? ¿Cuántos AÑOS tiene esta mujer? Les hice una visita al poco tiempo a Aliso y Pincho, con la intención que ya tenía de antes de ver cómo estaba el chaval. Aunque andaba dándole vueltas a todo en la cabeza, intenté mantener la mayor normalidad posible. Su familia ya tiene bastante con lo que lidiar y, como ya he dicho, es Tristeza Latente quien debe resolver la situación. Aunque he de decir que, cuanto más sé de ella, más desconfianza me despierta... Aliso no parecía precisamente complacido de verme. Tengo asumido desde hace tiempo que mi estilo de vida comporta ciertos... riesgos, pero me parece lo más natural del mundo que un padre se preocupe por el bienestar de su hijo. Debo decir que la determinación de Pincho por asumir responsabilidad me ha impresionado. Además, supo restar tensión a la situación con bastante destreza. Supongo que tiene práctica convenciendo a su padre. Y yo, desde luego, agradecí su ayuda. Mi esperanza por el momento es arreglar las cosas con Aliso, en parte colaborando con las labores de restauración. Lo curioso es que la frustración de Aliso resultó ser una distracción perfecta para no pensar en Tristeza Latente. Siguiendo el ejemplo de Pincho, tal vez un tiempo en la naturaleza me ayude a poner orden en mis ideas. Puede que un poco de espacio para reflexionar sobre todo lo ocurrido sea lo que más me convenga a mí... y a todos nosotros. ***