Guild Wars 2 Base de datos

Seguimos a Valle Espinado de vuelta a la aldea, que no estaba a demasiada distancia andando. La garrabélica, o "criatura errante" como los habitantes de las tierras bajas la llamaban, se agitó un poco cuando emprendimos el camino. Logramos calmarla justo a tiempo, cuando alcanzábamos las puertas de la Guarida de la Cosecha, la aldea de los habitantes de las tierras bajas. Valle Espinado me condujo hasta un redil para la criatura errante y me hizo entrega de un mejunje para alimentarla. La actitud de la criatura finalmente se apaciguó lo suficiente como para permitirme estar cerca. Supongo que a todos nos amansa la comida cuando nos agrian el carácter. Según se acomodaba en su redil la criatura errante, otra voz nos interrumpió. Aliso Estoico, garra de los kodan de las tierras bajas, miró a Valle Espinado y luego a nosotros y nos preguntó nuestro propósito. Su presentación fue breve, tras la cual nos guio directamente hasta la mayor cabaña en el centro de la población. Probablemente, las prisas fueran para mantener a su gente en calma, o tal vez para mantener a raya a sus inesperados visitantes. Nos hizo entrar en su sala de asambleas, donde justo se estaba celebrando una reunión de su propio consejo. Como arrancando un apósito de una herida reciente, nos presentó como la Alianza Tyriana. El resto del consejo se mostró escéptico; fuera cual fuese la conversación que estuvieran teniendo cuando entramos, en ese momento se hizo el silencio. Uno de los kodan más jóvenes mencionó algo del tipo "forasteros entre tierras". Cuando nos ofrecimos a brindarles información sobre los kryptis, Aliso Estoico sacudió la cabeza en señal de negación. Si hubiera tenido que adivinar, diría que están lidiando con una amenaza distinta que no están en disposición de compartir. Independientemente de cuál fuera esa amenaza, hice lo que había ido a hacer: les ofrecí un lugar en la Alianza Tyriana. Aliados en un mundo en el que los amigos son vitales. La garra no mostraba demasiado entusiasmo; tal vez su actitud no fuera hostil, pero tampoco especialmente interesada hasta entonces. No era el momento ni el lugar. Una vez finalizada la conversación, nos invitó a conocer al resto del consejo local y a descubrir su aldea de primera mano. Estos habitantes de las tierras bajas parecen funcionar a las órdenes de un líder, su garra, a quien a su vez aconsejan varias figuras de determinadas disciplinas establecidas, también llamados "maestros". Hasta ahora, he conocido a Gracia Ardiente, maestra de las garrasbélicas o criaturas errantes; Aurora Apagada, maestra sanadora; Liquen Burlón, maestro de las leyendas; y Valle Espinado, maestra de lanzas. También me presentaron al hijo de la garra: Flecha Serena, o "Pincho", cuya seguridad en sí mismo casi me hace sentir nostalgia de la ingenua confianza de la juventud. Su padre le encomendó enseñarnos la aldea, una experiencia que, a buen seguro, será tan memorable como interesante.