Mientras la multitud llenaba el Coliseo, Peitha me llamó a su lado para que presenciara su discurso. Llegué justo en el momento en que hacía desfilar a la abatida reina ante las masas reunidas. La líder rebelde habló con convicción, asegurando no solo que Eparch y sus leales podían ser derrotados, sino que, a diferencia de la presente monarquía, ella estaba dispuesta a mostrar clemencia a los vencidos.
"Hijos de Nayos", comenzó, antes de llamar la atención sobre la derrotada reina Labris y el debilitado ejército de Eparch.
El Rey de Medianoche debió de percibir el poder de la posición de Peitha, sentir su amenaza a través del Velo y cómo estaba volviendo a los kryptis en su contra. En ese momento se formó una fisura y la poderosa y calmada voz de Eparch invadió el Coliseo.
El rey, una bestia inmensa y ancestral, se abrió paso, atrayendo todas las miradas hacia su aterradora forma. Eparch casi pareció ignorar la presencia de Peitha y preguntó directamente a la muchedumbre reunida si su advenediza sobrina se había ganado realmente la confianza del pueblo.
La arena se quedó muda.
Eparch se volvió entonces hacia la líder rebelde y la reina prisionera. Aunque había guardado la calma hasta ese momento, ahora podía escuchar la furia fuertemente reprimida en cada una de sus palabras. Pronunció una única propuesta de negociación: liberar a Labris a cambio de que Tyria se salvase. A Peitha se le permitiría vivir en el exilio.
No está muy claro si Peitha confiaba en la buena fe de la oferta. Lo que sí que está claro es que Labris sí se la creyó. Incluso en su debilitado estado, no pensaba permitir que Peitha la usase como moneda de cambio para socavar todo lo que Eparch y ella habían construido.
La desafiante reina se sacrificó por la causa de su venerado esposo, forzándolo a imbuirse de los últimos resquicios de su esencia mientras el resto de nosotros contemplábamos aquello con horror.
El caos se apoderó del público; algunos declaraban lealtad a Peitha, otros a Eparch. El resto huyeron aterrados. Hasta el rey se quedó de piedra con la maniobra de su reina. Rugiendo enfurecido, juró devorar a todo aquel que se opusiera a él y desafió a quien se pusiera del lado de Peitha a enfrentarse a él en la ciudadela de Zakiros.
El plan de Peitha de inspirar a un ejército y derrocar al rey quedó totalmente desbaratado. No nos quedó más opción que retirarnos, reagruparnos y reflexionar sobre las consecuencias de un día desastroso. ¿Será el dispar ejército de Peitha suficiente para invadir la ciudadela fortificada de Eparch y desafiarlo con toda su furia desplegada? ¿Podemos contar con el Resguardo Astral? Está por ver si el alzamiento rebelde podrá superar este paso en falso. Yo ayudaré como buenamente pueda, pero no creo que baste para llevar a Peitha a la victoria.