Guild Wars 2 Base de datos

Isgarren, el comisario. Un ser de leyenda, reducido a hostilidad e impaciencia. Lo que invadía su consciencia, fuera lo que fuese, era maligno, pues ni Lyhr ni Dagda fueron capaces de romper el glaciar de hielo que cubría su mente. Incluso Dagda, normalmente tan estoica, se quedó impactada al verlo. Isgarren gruñó al grupo antes de retirarse al corazón del bastión. Nos aguardaba una batalla brutal. Lo perseguimos y acorralamos en una pequeña abertura. Irradiaba un poder titilante, como si solo estuviera expuesta parte de su consciencia. Una manifestación destilada de su amargura, mientras íbamos tumbando un pensamiento irascible tras otro. Dagda trataba de calmar su espíritu, pero las meras palabras no liberaban a Isgarren de las garras demoníacas. Me lanzó a los pies la muerte de Mabon a modo de desafío. "Hallacaminos", dijo, pronunciándolo como veneno goteando de su boca, al igual que ya había hecho Dagda en nuestro primer encuentro. Luchamos. Grotescos cúmulos de energía kryptis surgieron de Isgarren mientras nos enfrentábamos. Tratamos de reprimir esa corrupción antes de que pudiera reinfectarlo, provocando que sus pensamientos volvieran al lodo y la impaciencia. Según se desarrollaba el conflicto, Isgarren iba avanzando cada vez más hacia el interior del bastión. Lyhr y Dagda estaban mortificados viendo en lo que se había convertido. Lo que quiera o quien quiera que hubiera estrechado sus zarpas sobre el alma de Isgarren, las había clavado bien profundas. Y las palabras que profería se clavaban como flechas. Para tratar de hacerle entrar en razón, teníamos que exponer sus vulnerabilidades, desmantelar todos sus hastiados pensamientos e ideales hasta que no quedara refugio en el que pudiera esconderse. Tiene errores que asumir, consecuencias que afrontar y un demonio que matar. Isgarren acabó por apartarse, retirándose más al interior del anillo. El grupo siguió avanzando, luchando contra sus propios corazones rotos. Isgarren dirigía con tino sus palabras. A mí, a Mabon... Dagda señaló que, en tiempos normales, era de naturaleza crítica, pero que esto excedía con mucho sus peores días. Lyhr mantuvo la compostura, vigilando la situación y subrayando que Isgarren se dirigía al corazón de Amnytas: la aguja del mundo. Lo único que mantenía a raya una invasión a gran escala de los kryptis. Perseguimos a Isgarren hasta la siguiente abertura. Su atención se volvió enteramente hacia mí, acusándome de causar únicamente dolor aquí, como había hecho en toda Tyria. Toda una vida de perjuicios que empezó con Zhaitan y que había llegado hasta aquel momento. Isgarren solo veía en mí una amenaza. Cuando yo "reaccioné" y "salí en desbandada" rumbo abajo, aseguraba que él había protegido este mundo del de arriba. Pero yo sé perfectamente que su ego inflado no es más que eso. Puede que él nos protegiese de los kryptis, pero yo fui quien impedí que los dragones ancianos arrasaran con el mundo entero. Manifestaciones tóxicas y vulgares se desgajaron de su esencia y se revolvieron contra nosotros, en un intento del subconsciente de Isgarren por defender sus elecciones. Llevaban demasiado tiempo enconadas, y era necesario recordar debidamente a Isgarren lo que está en juego. Nuestro mutuo hogar, el que cada uno de nosotros había jurado proteger a su modo. El suyo, más antiguo. Desgastado y agotado de plantar cara a nuestra benevolencia combativa, Isgarren volvió a huir de nosotros. Sin embargo, no le dimos respiro y lo acorralamos al poco. Con pocas opciones ya para huir, Isgarren se quedó inmóvil. Su furioso espíritu aún bullía, pero algo... extraño ocurrió (más extraño aún que lo acontecido anteriormente). Cuando derrotamos a los kryptis que parecían alimentarse de Isgarren, estos liberaron esencia de unidad, desvelando que, en el interior de nuestro rival, quedaba al menos un atisbo de verdad. Nos había oído. Isgarren entendió que el único modo de avanzar era hacerlo juntos, con el Resguardo Astral. Conmigo, incluso. Cuando le arrojé esta esencia a él, a su manifestación, se vio propulsado hacia delante. Su gélido exterior comenzó a resquebrajarse, dejando asomar un atisbo del verdadero Isgarren. Avanzó a duras penas, acercándose un paso más a la aguja. En cuanto el escudo cayó, la voz de Cerus resonó procedente de Isgarren y el brujo se apartó, esta vez para protegernos. Un portal a la aguja del mundo se abrió en su lugar. ***