Este monumento conmemora a esos valientes canthianos que nos precedieron. Al igual que la imperecedera piedra de jade, su recuerdo pervive, y nos recuerda las valiosas lecciones que solo el tiempo puede dispensar.
En nuestro progreso constante como nación, echemos la vista al pasado, no como una carcoma que haya que enterrar bajo las ruinas de la historia, sino como el cimiento a partir del cual aprender, rectificar y construir. Que nuestro pasado nos guíe hacia un futuro aún más próspero y compasivo. Juntos, crecemos como pueblo de la nación canthiana.
Aunque la noche se convierta en amanecer
Y las estaciones puedan desvanecerse,
El espíritu perdura
Eterno como el jade.