Desperté en una celda junto a Gorrik, conectado[f:"conectada"] a una especie de máquina que parecía tan avanzada como la tecnología asura, tal vez incluso más. Gorrik estaba exultante por verme, pero tenía cierto ataque de ansiedad; me siento mal por no haber podido hacerle compañía debido a mi... falta de consciencia. Antes de que pudiera aclararme dónde estábamos, un detective llamado Rama nos sacó de allí; nos hizo rellenar algo de papeleo y me devolvió mi equipamiento antes de soltar una bomba: habíamos ido a parar a Cantha, el imperio humano que se aisló del mundo mucho antes de que yo hubiera siquiera nacido.
Apenas podía hacerme a la idea mientras seguía a Rama hasta un patio. Allí nos esperaban Marjory y Kasmeer: ¡qué gusto ver a amigos tuyos en un momento así! Kasmeer, que ahora es embajadora de Kryta, explicó que Cantha reabrió sus fronteras después de que cayera nuestra nave. Me aseguró que Aurene se encontraba bien y que pronto la vería.
Antes de que me pudieran soltar oficialmente, hablé con el ministro canthiano de seguridad, Li. Fue muy educado, pero se le notaba la desconfianza en la voz. No puedo culpar a los canthianos por su cautela. Hará falta tiempo para ponerse al día, y me muero por explorar Shing Jea, un lugar que hasta ahora bien podría haber sido solo una leyenda.