Se terminó al fin. Hemos llegado a un acuerdo, y ya no tendré que pasar ni un minuto más mirando el desagradable careto de tanuki de Chul-Moo. Dicen que ahora su pequeño proyecto paralelo se autodenomina "la Hermandad de Jade". Yo antes lo consideraba un empresario brillante, pero ahora veo lo que es realmente: un hombre corto de miras con un repertorio de trucos aún más corto. La última buena idea que tuvo para la compañía fue la adquisición de la marca Xunlai. No tengo muy claro que adoptar el nombre de un puñado de mafiosos muertos hace la tira vaya a ser igual de efectivo, pero qué sé yo. Al fin y al cabo soy una "cáscara de mujer carente de visión y con un palo metido tan arriba por detrás que es un milagro que pueda doblar la cintura".
Estuvo a punto de no suceder. En el último momento se metió por medio su miserable madre, que insistió en que a ella también se le tenía que pagar por sus "contribuciones financieras a los primeros prototipos de la compañía". Con lo que no contaba la matrona Park era con mi exhaustivo mantenimiento de registros: la cara que puso cuando le saqué la tarjeta exacta en la que hacía clara referencia a sus contribuciones como un regalo "para el futuro de mi hermoso niño". Es algo que atesoraré en mi memoria.
La de janchi-guksu que nos zampamos Gi-Moon y yo para celebrarlo. Lo preparó al estilo de mamá, y nunca nada nos supo tan bien.