Viajé al Ojo a hablar con Aurene, pero, antes de poder reunirme con ella, Taimi me llamó por radio presa del pánico. Había detectado un pico enorme en la actividad de los dragones de fuego, y estaba muy preocupada por lo que aquello pudiera suponer. Luego Aurene me mostró una visión que hacía referencia al motivo.
Braham había deliberado antes con ella. El vínculo de Braham con los espíritus de la naturaleza había ido en aumento, así como su sensibilidad hacia los dragones ancianos. Las últimas palabras de la Lechuza, "... la naturaleza en conjunto puede dirigir la caída", habían provocado en él una epifanía. Él sería el yugo que influiría en el flujo de magia desde y hacia el dragón de fuego.
Toda la idea parecía disparatada —y un suicidio—, pero ya se había decidido, y mencionaba a los espíritus que podían protegerlo para que no se corrompiera por completo como campeón de Primordus. Con esa proclama, se dispuso a enfrentarse al dragón anciano en su guarida. Aurene se ofreció a dejarme verlo en persona mediante el Estanque Mágico.