Guild Wars 2 Base de datos

Si tuviera que condensar su vida en un instante, una mota flotante suspendida en la galería del tiempo, ¿dónde la encontraría? ¿Sería la imagen fija de una niña jugando descalza en un riachuelo, lanzando al aire lo que sostenía entre las manos ahuecadas? ¿Vive entre briznas de hierba seca y hortensias arrancadas que flotan en lo alto, esperando caer en la suave bocanada del verano? ¿O tal vez es la exhalación del otoño, que resuena entre las briosas hojas que corretean por un camino de tierra? ¿Está atrapada en una corriente ascendente de cálidos rojos y marrones quemados con un leve matiz de naranja? ¿Va flotando sobre huellas de barro como si sofocara una llama tan frágil que podrías dudar de si está ahí? Quizá. Sin embargo, no la reconozco en los pulmones helados del invierno. No en la forma indiferente como contiene su gélido aliento mucho más tiempo del que convendría. Para mí, no se parece al lago congelado ni a la nieve que baila sobre la arena helada que se amontona cual cenizas blancas bajo una pira que se desvanece. Me niego a verla en la silueta de vida inmovilizada contra el vacío de la noche. No, ella no es eso. Creo en cambio que ella puede ser las primeras inhalaciones de la primavera, obsequiando existencia con sus flores, minúsculas, imperceptibles, floreciendo como pequeños rayos de lo divino. La siento en los pétalos de cada lila que nace sagrada al amanecer. Aquí, encuentro consuelo observándola resucitada a cada momento como un ser perfecto, perfecto en la forma en que el último aliento del verano es a veces todo cuanto tenemos para resistir hasta la primavera.