Los avances son lentos. Hemos aprovechado los manantiales termales de la montaña para las fraguas, pero nos faltan subnúcleos para el coloso de la forja. Las bestias de hielo atacan nuestras puertas de noche y las hacen pedazos, pero da igual con cuántas acabemos, sus filas no parecen menguar.
La transformación se acelera. La piedra ya me llega al cuello y siento la llamada para unirme a la lucha junto a nuestros hermanos. Pero resistiré... Todos resistiremos. Solo hay una Cima.
Los eruditos afirman comprender esta magia lo suficiente como para dominarla, bien para revertir el Rito del Gran Enano, bien para aprovecharlo. Podríamos transformarnos en algo nunca visto en la faz de Tyria. Pero también podríamos morir.
Hemos aceptado el abrazo de la muerte y lo preferimos a la vida que Deldrimor nos depararía.