Los ataques de la bestia de hielo han remitido, lo que supone un descanso muy necesario para los guardias. Pero los noto inquietos. Han estado peleándose entre ellos. Llevamos a uno ante los sacerdotes en busca de consejo, pero no respondió a sus servicios. Cuando lo dejamos ir, volvió en silencio a su puesto como si no hubiera pasado nada.
El ambiente se ha enfriado. Hablamos poco. Algo nos quema por dentro.
Todo esto pasará. Como nos acostumbramos a la piedra, debemos acostumbrarnos al fuego.