Guild Wars 2 Base de datos

Por Luka Tomasdottir, escriba de la Vigilia. "Que nuestras voces nunca se quiebren, que nuestras voces sean las nuestras." La primera vez que oí esas palabras fue en boca de un viajero kodan cerca de la Morrena Escarchada, en lo más profundo de Gorjaescarcha. No conocía la zona y estaba visiblemente incómodo con las costumbres de los kodan que allí habitaban. Se llamaba Trueno Que Ayuda y provenía de un lugar que solo me resultaba conocido por las historias y las leyendas: el Lago de Drakkar. Aunque he de reconocer que esto no es del todo exacto: no se presentó como Trueno Que Ayuda, sus palabras exactas fueron "Trueno Que Ayuda, de Aguas Tranquilas Que Hablan". Aguas Tranquilas Que Hablan. Le dije que nunca había oído hablar de aquel santuario y me aclaró que no era el nombre de un santuario, aunque su gente era originaria de uno del lejano norte: un santuario del que no constaba nombre, del que no había registros y del que se había perdido toda historia oral. Al kodan le invadió la nostalgia y un brillo pasajero en sus ojos delató una profunda sensación de mal agüero. La pérdida es un concepto difícil de tratar en la sociedad kodan: muchas cosas fueron, pero ya no son; muchas cosas elevaron a los kodan a lo más alto, pero... en fin, ya no. Seguí haciéndole preguntas, pero Trueno Que Ayuda parecía muy nervioso por mi interés. Le causaban especial rechazo mis preguntas sobre la ubicación exacta de su hogar, como si el mero hecho de indicarla en un mapa fuese a convertirlo de inmediato en un destino turístico de primer orden. Le aseguré que mi interés era puramente académico y, al cabo de varias horas de dorarle la píldora, las preocupaciones del kodan parecieron disiparse un poco. El asentamiento que acabaría convirtiéndose en Aguas Tranquilas Que Hablan tuvo sus inicios como santuario kodan hace mucho tiempo, pues era una de sus muchas ciudades de hielo que flotaban en las gélidas aguas del norte de las Lejanas Picosescalofriantes. Aquellas antiguas urbes habían resistido desde la última vez que los dragones ancianos despertaron, un acontecimiento que los kodan denominaban "La Tormenta Dracónica". En aquel momento, creían que las enormes masas de hielo flotante eran un don de Koda, la recompensa por lo que padecieron mientras los dragones ancianos purificaban el resto del mundo. Aquellas ciudades pervivieron miles de años, inmunes a los elementos. Mas, por desgracia, no a Jormag. La crecida de las aguas y aterradoras criaturas destruyeron los santuarios y empujaron a los kodan al sur. Un grupo de kodan de uno de aquellos santuarios se reunió en un barco hecho de madera, algo excepcional tan al norte, y puso la vista en el sur. Iban a seguir los mapas de sus mejores exploradores y a buscar refugio en las montañas. Pero los mapas no reflejaban el despertar de Jormag: los ríos se habían convertido en lagos, las montañas ahora eran valles, y los kodan acabaron naufragando en lo más profundo de las Lejanas Picosescalofriantes, con su nave atrapada en el hielo y la nieve. Habían ido a parar al Lago de Drakkar. Y el lago les susurraba.