Por Luka Tomasdottir, escriba de la Vigilia.
Hace cientos de años, el Lago de Drakkar era un campo de batalla donde se enfrentaban las fuerzas del bien y el mal. Svanir, el hermano de la famosa heroína norn Jora, invocó a un poderoso ser que habitaba en las gélidas profundidades; y aquel que daba nombre al lago, un campeón del dragón de hielo, respondió a su llamada. Svanir se transformó en una espantosa parodia de su forma ursina espiritual y Jora se vio obligada a matarlo.
Desde entonces, el lago es conocido por sus extraños susurros y su oscuro poder. Después de que Jormag se alzase, muchos norn abandonaron los antiguos santuarios y asentamientos que había por todo el valle y los dejaron al albur de las inclemencias y de los leales siervos del dragón.
Cuando llegaron los kodan, poco después de que se alzase Jormag, se vieron obligados a hacer del valle su hogar. Las aguas no iban a llevarlos más lejos y sus naves estaban atrapadas entre montañas de hielo. Las cabañas que levantaron para protegerse del frío no tardaron en convertirse en un asentamiento permanente. Cuando llegó el momento de poner nombre a su nuevo hogar, todos los kodan parecían ser conscientes de que había... algo raro en el lago vecino.
La nieve silencia los sonidos de la naturaleza y le otorga una voz propia al viento... pero aquello era distinto. Las aguas parecían hablar con susurros apenas perceptibles. Así que los kodan bautizaron su asentamiento con motivo de aquel extraño fenómeno: Aguas Tranquilas Que Hablan.
Luego, Zhaitan murió. Y luego Mordremoth. Y luego Kralkatorrik. Con cada dragón anciano que el[f:"la"] comandante del Pacto y sus aliados exterminaban, los susurros parecían cobrar fuerza. Lo que antaño fuera un murmullo en el viento no tardó en convertirse en palabras inteligibles. Oías aquellas palabras y las palabras sabían que las habías oído. Las palabras te hablaban y te decían lo que querías oír.
Empezabas a confiar en las palabras como en tus propios pensamientos.
Y, así, los pensamientos de Jormag se convertían en los tuyos.
De alguna forma, la presencia de Drakkar en el lago daba más fuerza a la voz de Jormag en el valle. Los kodan supieron qué estaba ocurriendo antes que nadie. Se dieron cuenta de qué era Drakkar. Drakkar, la criatura del lago, el campeón del mismísimo dragón de hielo, era la boca del dragón anciano. Una especie de amplificador que podía diseminar los susurros del dragón anciano mucho más allá de su guarida. Y, cuando murió Kralkatorrik y una nueva dragona anciana ocupó su lugar, los susurros de Drakkar se volvieron intolerables.
Los kodan de Aguas Tranquilas Que Hablan, que en tiempo comerciaban y se comunicaban con todo tipo de asentamientos y facciones más allá de sus fronteras, se aislaron del mundo exterior. No tenían forma de saber qué pensamientos eran suyos y cuáles pertenecían al dragón. ¿De quién era cada voz? ¿Tu voz era la tuya o la de Jormag?
Trueno Que Ayuda era un kodan de Aguas Tranquilas Que Hablan a quien tuve el placer de conocer en el Estrecho de Gorjaescarcha poco después de la caída de Zhaitan. Había acudido a otros santuarios kodan en busca de suministros y noticias del mundo exterior, quizá con la íntima convicción de que los susurros irían cobrando cada vez más fuerza si se mantenía el ciclo actual de los dragones ancianos.
Al poco de la caída de Mordremoth viajé a Aguas Tranquilas Que Hablan, donde los guardias que protegían las puertas del asentamiento me gruñeron para que me marchase. Decían que el valle era demasiado peligroso para quienes no estaban acostumbrados a los susurros.
Les pregunté qué había sido de Trueno Que Ayuda, el kodan al que había conocido no hacía tanto. Los guardias se miraron... ¿Con rabia? ¿Con vergüenza?
Uno de ellos se dirigió a mí; tenía la respiración agitada y se estaba tragando las lágrimas.
"Su voz no era la suya", me dijo.
Pregunté si Trueno Que Ayuda estaba bien y si podía verlo.
"Si escuchas, lo oirás. Te llamará desde el otro lado del lago. Te llamará al oeste."
El guardia kodan se quedó mirándome sin pestañear. "No debes escuchar. No es su voz la que oyes."