Los susurros hacen que me adentre cada vez más. Son cálidos y amables como una madre que reconforta a su cachorro, como un viejo amigo que te da la bienvenida al hogar. ¿Será este mi hogar ahora? Me recuerdan que sigo con vida y que sigo teniendo hambre. Tantísima hambre. Causo repulsión.
Hoy acabé con una vida. Una patrulla de la Vigilia. Un norn. No sé por qué lo hice, pero me sentí de maravilla. El amigo que me susurra me dijo que lo estaba haciendo muy bien. Conforme la luz se apagaba en sus ojos, mi estómago rugió. Mi cuerpo actuó sin pensar y, antes de que me diese cuenta, ya no estaba. Soy detestable.
¿En qué me estoy convirtiendo? Es un espejismo causado por la luz reflejada en la nieve o de verdad mis garras están creciendo? ¿Por qué el hambre me sigue consumiendo después de aquel acto tan vil? ¿Qué me está pasando? Que Koda me ayude.