Durante casi cien años tras nuestra marcha hemos vivido de la forma que tanto habíamos soñado, libres de la persecución de la Legión de la Llama.
Al viajar al sur y crear la sociedad que acabaría recibiendo el nombre de Olmakhan, nos vimos obligados a cuestionar muchas de las antiquísimas normas de la sociedad charr. Empezábamos de cero en un entorno extraño y hostil. Íbamos a tener que hacer cambios para sobrevivir.
Que no hubiese un sentimiento de superioridad respecto a la tierra sería la norma esencial de los Olmakhan: vivir en paz con la naturaleza para prosperar más allá de la mera supervivencia. Solo la comprensión de este nuevo entorno nos permitiría permanecer en él y establecer aldeas, granjas y familias.
Durante casi cien años nos esforzamos por cumplir con este ideal, y entonces la naturaleza puso a prueba nuestra determinación con un cataclismo más allá del horizonte septentrional que sacudió el lecho marino y provocó la Gran Inundación que convirtió nuestras nuevas tierras en un archipiélago.
En un instante, todo lo que habíamos construido parecía perdido. La naturaleza se llevó a muchos de los nuestros aquel día, pero no desesperamos: nuestra cultura se había forjado en la lucha y se había templado en la penuria, por lo que, cuando las aguas se retiraron, nuestro compromiso con la familia Olmakhan brilló como el acero a la luz del sol. Volvimos a construir y volvimos a prosperar.
En estos tiempos hay indicios de problemas en el ancho mundo que amenazan con perturbar nuestra paz. Primero aparecieron esas pequeñas y crueles criaturas en las islas, con sus maravillas de piedra y cristal que desafiaban la gravedad y sus creaciones antinaturales que cobraban vida gracias a extrañas magias.
Luego vino la gran ballena celeste de hierro que lanzó humo y llamas al estrellarse en las suaves arenas de nuestras costas. Su caparazón de metal protege a nuestro consejo de ancianos mientras valora qué respuesta dar a la amenaza de la Inquisa, y hemos empezado a fortificar nuestras estructuras con sus huesos de hierro.
La naturaleza nos presenta nuevos retos y, si hemos de adaptarnos para sobrevivir a ellos, lo haremos.