Atravesamos el portal y fuimos a dar a una biblioteca distinta a cualquier otra que haya visto jamás. Llegamos con la esperanza de ver a los dioses, pero Kormir, patrona de la verdad, fue la única deidad que encontramos. Nos dio audiencia en su sagrario y respondió a algunas de nuestras preguntas, pero resultó ser una verdad difícil de aceptar.
Kormir nos contó que los dioses habían abandonado Tyria por completo para evitar una batalla apocalíptica contra los dragones ancianos que habría destruido el mundo que intentaban proteger. Según Kormir, Balthazar se negó a aceptar esta decisión y llegó a amenazar a los demás dioses para que no siguiesen adelante con su plan.
Como respuesta, los otros cinco dioses privaron a Balthazar de su poder y lo dejaron encadenado en la Niebla, donde permaneció hasta que Rytlock lo liberó sin saberlo. Una vez excarcelado, Balthazar se dispuso a recuperar el poder que había perdido, a derrotar a los dragones ancianos y apoderarse de su magia, para luego vengarse de los otros dioses por apresarlo.
Kormir terminó diciendo que los demás dioses se habían ido hacía tiempo y que ella estaba a punto de seguirlos, por lo que ni podrían ni querrían ayudarnos contra Balthazar. Saber que los dioses habían abandonado Tyria fue doloroso, sobre todo para Kasmeer; pero acabó aceptando que, como subrayó Kormir, el tiempo de rezar había terminado. Ahora el mundo nos pertenece a los mortales y es nuestra responsabilidad defenderlo.
Antes de marcharse en pos de los demás dioses, Kormir nos dio una única orientación en nuestra lucha contra Balthazar: que buscásemos respuestas en el desierto. No es una gran pista, pero le he dicho al equipo que se divida para buscar: Kasmeer irá al norte, Canach y Rytlock hablarán con los contactos que Canach tiene en la Orden de las Sombras y yo me dirigiré al sur para peinar la Ribera. Nosotros tenemos que resolver el problema de Balthazar y, aunque saber que hay una solución no es tan bueno como conocer la propia solución, al menos es un comienzo.