Una vez en Istan, me dirigí al Observatorio, donde el agente Kito insinuó que tal vez yo pudiera contactar con los Lanceros del Sol. Este extraordinario instituto estaba repleto de eruditos entregados al estudio de la astronomía y la historia de Istan, pero el fervor académico se veía un tanto atenuado por la presencia de agentes del Creciente Acerado que presionaban a los eruditos para que limitaran la historia que enseñaban y documentaban a la propaganda en favor de Joko.
Contacté con la archivera jefa, Rhadha, quien temía que mi presencia atrajera una atención no deseada y que me pidió que me disfrazara de erudito de visita. Era la única forma en que podía acceder a los archivos en los que se hallaba la entrada a la base de los Lanceros del Sol sin levantar sospechas entre los muchos investigadores leales a Joko o las patrullas del Creciente Acerado que controlaban la instalación.