Balthazar me mató. Atacó cuando iba de camino a reunirme con mi equipo, me dominó y me mantuvo al borde de la muerte hasta que Aurene respondió. Cuando fue consciente del peligro en que me hallaba a través de nuestro vínculo, vino a protegerme... y el dios renegado la capturó de inmediato. Una vez logrado su objetivo, yo ya no le servía de nada a Balthazar, así que puso fin a mi vida.
Desperté en el Dominio de los Perdidos, una especie de apeadero para los espíritus perdidos que todavía no han encontrado el camino al Inframundo o su recompensa final. No recordaba quién era y luché para recuperar mi nombre y propósito, y al final me gané la oportunidad de regresar al mundo de los vivos. Por el camino me encontré con el mismísimo Palawa Joko, a quien Balthazar traicionó y apresó en aquel lugar una vez hubo cumplido con su cometido. El rey Joko intentó convencerme y amenazarme para que le liberase, pero lo dejé donde estaba... aunque acepté su consejo de utilizar su ejército de Despertados contra Balthazar. Cuando volví a la vida y me reuní con mi equipo, que estaba estupefacto, como era de esperar, nos dispusimos a conseguir el apoyo de las hordas momificadas de Joko.
Porque Balthazar tiene a Aurene y quiere usarla para matar a Kralkatorrik, pero yo he vuelto del abismo para evitarlo.