Los Svanir fueron todo un reto, pero estuve a la altura. Conseguí algunas piezas de sus armaduras y, con ellas, no me costó preparar un disfraz para infiltrarme. Me hice el[f:"la"] tonto[f:"tonta"] y me dieron lo que necesitaba: la receta de un elixir de deshielo. Salí sin un rasguño, fue todo un éxito. Ahora, a por los ingredientes.