Predispuse para la batalla a mis compañeros de clan y a las tropas despertadas a mi mando a las afueras del Bazar de Kodash. Kasmeer ya había superado por completo su reticencia a enfrentarse a Balthazar, pues las acciones del dios habían aniquilado cualquier resto de devoción que pudiese quedar en ella... justo cuando más falta hacía. Balthazar apareció a lomos de una enorme monstruosidad mecánica a la que llamaba su bestia de guerra, un aterrador híbrido de criatura viviente y máquina de asedio blindada. Era lo que Balthazar y los Forjados estaban construyendo en la guarida de Glint, una pieza de artillería que pudiese contener y transportar a Aurene para usarla como arma para matar a Kralkatorrik. Con Aurene indefensa dentro de la bestia de guerra, Balthazar lanzó a su creación contra Kralkatorrik.
Por suerte, Rytlock consideró que nuestra misión conjunta era lo primero y me prestó su espada, Sohothin, bajo la premisa de que me daría una ventaja decisiva que Balthazar no se esperaría.