Me dirigí a la Necrópolis para reunirme con la siguiente recluta despertada: la mariscal de las Bestias Oluwa Eranko, una comandante tozuda pero orgullosa de la unidad de caballería bestial de Joko. No estaba dispuesta a darme el mando de sus soldados si no exhibía mi pericia como jinete, así que monté y jugué un rato a las persecuciones para demostrarle de lo que soy capaz y que estar bajo mi mando no supondrá una merma para la impecable reputación de su unidad.
Ya tengo un ejército. Es hora de acabar con un dios.