He de confesar que, cuando te aconsejé que forjases tu propia leyenda, no esperaba volver a oír de ti. Imagina mi sorpresa cuando escuché a los lugareños intercambiar relatos sobre tus grandes hazañas.
Con la ambición que has demostrado, dudo que tu leyenda desaparezca fácilmente. Me enorgullece haber contribuido, aunque sea de forma insignificante, a tu historia.
— Shengra