El capitán Thackeray y yo llegamos al orfanato justo cuando los pirómanos le estaban prendiendo fuego. Luchamos contra los bandidos y rescatamos a los huérfanos, pero fue demasiado tarde para salvar también el hospital. Para cuando llegó la Guardia del Ministerio, todo había acabado. La comandante Serentine siempre llega un poquito tarde para atrapar a esos bandidos. Es sospechosamente casual.