El Pantano Perdido de los Dioses es la morada de malignos espíritus del Inframundo. Allí, la separación entre ambos mundos es mínima. La mayor y más terrorífica de estas bestias caídas es el behemot de las sombras, un enemigo titánico que, tras abrirse paso hasta el mundo de la luz y la sustancia, devoró y destruyó todo cuanto pudo.