Tu nombre es sinónimo de la enorme benevolencia que los refugiados hemos recibido de ti y de otros aventureros como tú. Gracias a tus esfuerzos, hemos recobrado salud y estamos preparados para seguir el camino.
Aunque prefiero permanecer en el anonimato, quiero transmitir un enorme agradecimiento por todo lo que has hecho. Sin tu ayuda, la enfermedad me habría arrebatado a mi hija. Ella también te da las gracias, que te envío junto con la carta.