Sin forma de contactar directamente con Kuda, localicé a un oficial de la Inquisa y lo convencí de que realizara una llamada de emergencia. Kuda, en efecto, contestó y aceptó reunirse para negociar, pero no estaba dispuesta a hacer concesiones respecto al lugar: insistió en que debía ser al norte de la forja, un área infestada de fuerzas de la Inquisa. Tampoco tenía nada que ofrecerle para hacerla cambiar de opinión, así que acepté la reunión y les pedí a mis aliados que nos viéramos allí, preparados en todo caso para afrontar una emboscada.
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