Que el peso de la amargura
y la maldición de Sidony desaparezcan.
Isgarren, bien acompañado;
juntos en Castora.
Siervo de Tyria, renuncia a la perfección;
ojalá vea su reputación restablecida.
Ha renunciado a su cargo y aguzado su percepción,
y ahora queda liberado de este eterno rencor.
Se alza ante la puerta,
se ofrece a velar por todo.
En pie sobre el terreno,
vigilando, esperando siempre.
Isgarren, el padre, se alegra,
erguido con determinación.
Cargará con el peso del cielo;
la soledad se acaba, finita.
El Vidente de Todo ha sido conquistado;
el pesado cielo ya no le oprimirá.
Así lo dice Minna,
así está escrito y así se cumplirá.