Xuorri estaba acorralado. Por fin, los cazadores de centauros lo habían alcanzado. Cuando sus enemigos alzaron las espadas, se limitó a cerrar los ojos y pronunciar una oración: "Zintl, ilumina mi sendero y guíame hacia el Verano Eterno". En ese momento, una luz radiante envolvió a Xuorri. El hylek sintió en su piel el calor de los rayos del sol y, cuando Xuorri abrió los ojos, quienes lo perseguían agonizaban en el suelo. La luz del Dador de Vida los había cegado, permitiendo a Xourri huir rápidamente.