**Entrada 7**
Cada vez que tengo que aventurarme en busca de otro ingrediente, me preocupa no volver. Aunque los ungüentos y remedios prescritos por la Inquisa han mantenido a raya la toxina de escarabajo, está empezando lentamente a apoderarse de mi buen juicio. El olfato me falla, tengo las piernas dormidas... El dolor es más intenso con cada inhalación. Y en la avanzada fase de impacto en la que se encuentra el gwyldell, sus alas comienzan a tener un aspecto ralo.
Por suerte, no tuve que irme muy lejos para encontrar lo que necesitaba ahora. Después de que me empeorase la quemadura del brazo, probé a machacar varias hojas encontradas por el bosque. Descubrí una en particular con un efecto calmante inmediato al convertirla en una pasta. La extendí por la zona y me alivió al momento. He recogido todas las posibles y regresado a mi escondite a aplastar el resto.
Tal y como predije, al integrar la sustancia en la salvia *antes* de añadir el pigmento floral, el efecto abrasador se minimiza. He vuelto a intentar administrarle el potingue al gwyldell... ¡Y por fin se lo ha tomado, sin apenas esbozar un sonido!