Regresé al Leviatán Oscuro para comprobar cómo estaban mis aliados tras la batalla. Aunque nos habíamos anotado un tanto con la derrota de Sebb, todo el mundo estaba nervioso ahora que Vloxx se había apoderado de Ancora.
Isgarren compartía nuestros mismos temores, sobre todo teniendo en cuenta lo poco que sabíamos de las intenciones de Vloxx. Cuando Isgarren realizó la versión menor del ritual sobre los miembros del Tribunal de los Brujos, ensombreció sus recuerdos para que no mostrasen ningún tipo de sesgo cuando obtuvieran ese poder. Vloxx, en cambio, andaba buscando una versión aún más primaria de ese ritual. Y, a diferencia de Mabon, Dagda o Lyhr, mantendría todos sus recuerdos intactos. Por este motivo, ninguno de nosotros hallaba mucho consuelo en nuestra insignificante victoria.
Mientras reflexionábamos sobre nuestros próximos pasos, el dispositivo de comunicaciones que Vloxx me regaló comenzó a zumbar. Empezó agradeciéndome haberle librado de Sebb. Le imploré que se detuviera mientras aún estuviésemos a tiempo, aunque sin esperanzas de que me escuchase. Cree firmemente que esta es la única senda posible y, aunque le gustaría que la recorriese con él, no piensa detenerse ante nada.
Está claro que Vloxx tiene intención de caminar ese sendero aunque tenga que hacerlo solo.